Bernardo Bertolucci, maestro del cine italiano

Quien supondría que cuando nació, allá por el año 1941, Bernardo Bertolucci se convertiría en uno de los cineastas más importantes del séptimo arte italiano, y mundial también. El italiano incursionó con igual efectividad en la escritura de guiones, con lo cual llevó a la gran pantalla muchas de sus ideas.
El último tango en París, Novecento, La tragedia di un uomo ridicolo, El último emperador, Belleza robaThe Cello (episodio «Histoire d’ eaux»), Soñadores, El último tango en París…

Sin lugar a dudas, fue El último emperador (1988) la que más resonó en arenas internacionales. Sus nueve premios Óscar así lo confirman.
Bernardo Bertolucci también es reconocido por sus aportes en el género spaghetti western. Esta variante del western norteamericano es un subgénero del wéstern que estuvo de moda en las décadas de los años 1960 y 1970. Los spaghetti western tomaron ese nombre por ser filmados en tierras italianas, cuna del rico plato archiconocido en el mundo entero.
Algunas de las locaciones más empleadas para hacer los spaghetti western fueron Cinecittà (Italia) y en Almería (España), esta última segunda cuna del subgénero.
su imagen sucia a la vez que delicada, y los protagonistas inmorales son las principales pistas para definirlo rápidamente. Igualmente, las escenas violencia, la amoralidad de los personajes, y el desaliño aparente de la historia se pueden sumar a sus características.
Bernardo Bertolucci siguió la corriente estética de esa época, e incursionó con éxito en el spaghetti western.
El cineasta contó con una sólida formación intelectual, impartida en primer lugar por su padre (un poeta de profesión). Luego, cuando fue mayor, cursó estudios en la prestigiosa Universidad de Roma, donde siguió los pasos de su padre y compuso poemas, los cuales le dieron algo de reconocimiento social.
Sus primeros pasos por el séptimo arte fueron junto a su hermano Giuseppe, con quien filmó cortos en 16 mm, un formato para realizadores amateurs.
Junto al maestro Pier Paolo Pasolini trabajó en Accattone, siendo asistente del director. Pero fue su filme El conformista la que lo catapultó a la fama. Su guion le valió una nominación que lo colocó junto a los grandes del cine mundial. Igualmente la academia norteamericana se fijó en su trabajo de dirección en Último tango a Parigi. Este fue el principio de una carrera ascendente.

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